En mi opinión, los teléfonos gaming sí valen la pena, pero solo para cierto tipo de usuario. Están pensados principalmente para gente que juega mucho en el celular, especialmente juegos pesados o sesiones largas. La gran ventaja que tienen es el sistema de enfriamiento, la batería grande y el rendimiento sostenido, lo que hace que los juegos vayan más estables y el teléfono no baje tanto los FPS por el calor.
El problema es que normalmente sacrifican otras cosas como la cámara, el software, las actualizaciones o algunas funciones premium. Además, hoy en día muchos teléfonos de gama alta ya pueden correr casi todos los juegos bastante bien, así que no todo el mundo realmente necesita un teléfono gamer.
En resumen, un teléfono gaming vale la pena si juegas mucho y quieres el mejor rendimiento posible en juegos. Pero si usas el celular más para redes sociales, fotos, trabajo o uso general, normalmente es mejor un flagship porque es más equilibrado en todo.