el modelo “3a” si nos referimos a la evolución lógica de su línea económica— es un teléfono que entra por los ojos pero se sostiene por su equilibrio. Lo mejor es, sin duda, su personalidad: no se siente como un pedazo de plástico genérico; el diseño transparente y la interfaz Glyph lo hacen sentir único y muy premium al tacto pese a ser de policarbonato. Su pantalla es sorprendentemente buena, con marcos simétricos que ya quisieran teléfonos del doble de precio, y el software (Nothing OS) es de lo más limpio y fluido que vas a encontrar en Android, sin aplicaciones basura estorbando.
Sin embargo, tiene pecados que debes aceptar: la potencia es apenas justa. No es un equipo para jugar títulos pesados en ultra, y aunque cumple en el día a día, se nota que no lleva un procesador de gama alta. Las cámaras son buenas con luz, pero en cuanto cae la noche o intentas hacer un zoom fuerte, la realidad te golpea: el procesado puede ser algo errático y los colores a veces se pasan de saturados. Además, aunque el diseño es icónico, el cuerpo de plástico se raya con solo mirarlo, así que la funda es obligatoria. Es el teléfono ideal si priorizas el estilo y un software impecable, pero si buscas potencia bruta o fotografía profesional, te vas a quedar con ganas de más